Esterilidad: problemas con el esperma, la ovulación, las trompas de Falopio y el cuello uterino (1era parte)

10 abril, 2007 at 14:13 1 comentario

Esterilidad

La esterilidad es la incapacidad de una pareja de conseguir un embarazo tras mantener repetidas relaciones sexuales sin tomar medidas de anticoncepción durante un año.

La infertilidad afecta a una de cada cinco parejas en algunos países desarrollados. Hasta el 60 por ciento de las parejas que no ha concebido después de un año de intentarlo finalmente concebirán, con o sin tratamiento. La meta del tratamiento es reducir el tiempo necesario para concebir.

A medida que la mujer tiene más años, menores son las probabilidades de quedar embarazada y de que el embarazo llegue a buen término. Después de los 35 años, a la mujer ya no le queda demasiado tiempo para resolver sus problemas de infertilidad antes de la menopausia.

Las principales causas de infertilidad incluyen problemas con el esperma (30 a 40 %), la ovulación (15 a 20 %), las trompas de Falopio (25 a 40 %)y el cuello uterino (5 %), así como otros factores no identificados (5 a 15%).
El diagnóstico y el tratamiento de estos problemas requieren una revisión completa de ambos miembros de la pareja.

Anomalías del esperma

En el varón adulto, la formación del esperma en los testículos es continua (espermatogénesis). Una célula no especializada necesita de 72 a 74 días para convertirse en una célula germinal madura. Desde cada testículo, el esperma se dirige hacia el epidídimo (un tubo en forma de espiral localizado en la parte superior y posterior de los testículos), donde se almacena hasta que la eyaculación está a punto de tener lugar. Desde el epidídimo, el esperma es transportado por los vasos deferentes y el conducto eyaculatorio. Por otro lado, en el conducto eyaculatorio, el líquido producido por las vesículas seminales se agrega al esperma para formar el semen, que en el momento de la eyaculación se desplaza por la uretra hasta que sale al exterior.

Para ser fértil, el hombre debe ser capaz de depositar una adecuada cantidad de esperma normal en la vagina de la mujer. La esterilidad se produce cuando varios factores interfieren en este proceso.

Un aumento en la temperatura de los testículos por una fiebre prolongada o la exposición al calor excesivo reducen en gran medida la cantidad y la movilidad del esperma y aumentan el número de esperma anormal en el semen. La formación de esperma es más eficiente a unos 34 °C, que es menor que la temperatura normal del cuerpo. Los testículos, que es donde se forma el esperma, se mantienen a esta temperatura más baja gracias a su localización en el escroto, que se encuentra fuera de lo que propiamente es la cavidad corporal.

La ausencia total de esperma (azoospermia) es debida a un grave trastorno dentro de los testículos o por el bloqueo o ausencia de vasos deferentes (de los dos lados). Cuando el semen no contiene fructosa, un azúcar producido por las vesículas seminales, significa que faltan los vasos deferentes o las vesículas seminales, o bien que existe una obstrucción en los conductos eyaculatorios.

Un varicocele, la anomalía anatómica más frecuente en el varón estéril, es una masa de venas dilatadas y tortuosas que se forma en el escroto, algo similar a lo que sucede con las varices. Su palpación sugiere un “saco de gusanos”. Esta anomalía evita el correcto drenaje de sangre desde los testículos y en consecuencia eleva su temperatura y reduce la formación de esperma.

En ocasiones, el semen sigue una dirección contraria a la habitual (eyaculación retrógrada), es decir, se desplaza hacia la vejiga en lugar de hacia el pene. Este trastorno es más frecuente en los varones sometidos a una intervención quirúrgica pélvica, en particular una extirpación de próstata, y en los diabéticos. Un funcionamiento anormal de los nervios también puede causar una eyaculación retrógrada.

Diagnóstico

Después de realizar una historia clínica y la exploración física, se debe practicar un análisis del semen, la principal prueba para detectar la esterilidad masculina. El paciente no debe eyacular durante 2 o 3 días antes del análisis. Se deben estudiar varias eyaculaciones, generalmente tras una masturbación, que se recogen en un recipiente de cristal, si es posible en el mismo laboratorio. Cuando es difícil obtener una muestra de semen con este procedimiento, pueden usarse preservativos especiales que no contienen lubricantes ni sustancias tóxicas para el esperma con el fin de reunir semen durante el coito. Así mismo, un análisis que se base en dos o tres muestras separadas es más fiable.

Si la muestra de semen resulta anormal, se repite el análisis, ya que las distintas muestras de un mismo paciente varían en gran medida. Si el resultado sigue siendo anormal, es necesario descartar otras causas, como parotiditis, que afecta a los testículos (orquitis parotídica), una enfermedad o una fiebre prolongada en los 3 meses anteriores, lesiones en los testículos, exposición a tóxicos industriales o ambientales, administración de dietilestilbestrol o esteroides anabolizantes y consumo de drogas o de alcohol. Sin embargo, un bajo recuento de esperma también puede ser debido a que haya pasado demasiado poco tiempo desde la última eyaculación o que sólo se haya depositado parte del semen en el recipiente recolector.

La exploración física intenta determinar anomalías físicas, como unos testículos que no han descendido, y signos de trastornos hereditarios u hormonales que expliquen la esterilidad. Los trastornos hormonales que reducen la producción de testosterona (hipogonadismo) pueden originarse en los testículos o en otras glándulas, como la hipófisis.

Los centros de esterilidad realizan pruebas de la función y calidad espermáticas, frecuentemente antes de considerar el uso de técnicas de reproducción asistida. Tales pruebas pueden detectar la presencia de anticuerpos antiespermatozoides, determinar la integridad de las membranas del esperma y valorar la capacidad del esperma para unirse al óvulo y penetrar en él.

Tratamiento

El tratamiento depende de la causa de la esterilidad. El clomifeno, un fármaco que induce la ovulación en la mujer, puede utilizarse para intentar incrementar la cantidad de esperma en el varón. Sin embargo, no parece mejorar la movilidad del esperma ni reducir la cantidad anormal de éste; tampoco se ha demostrado que incremente la fertilidad.

En los varones con un esperma normal pero de escasa cantidad, la inseminación artificial mejora ligeramente los índices de embarazo, porque emplea la primera porción del semen eyaculado, que contiene la mayor concentración de esperma. Una nueva técnica que escoge sólo el esperma más activo (selección de esperma) es algo más efectiva. La fertilización in vitro y la transferencia del gameto a través de un tubo dentro de la trompa de Falopio, procedimientos mucho más complejos y costosos, son eficaces para el tratamiento de ciertas clases de esterilidad masculina.

Si un hombre no produce esperma, puede considerarse la probabilidad de inseminar a la mujer con esperma de otro hombre (donante). Debido al peligro de contraer enfermedades de transmisión sexual, incluido el SIDA, ya no se utilizan muestras frescas de semen de los donantes. En su lugar, se deberían utilizar muestras de esperma congeladas provenientes de un banco de esperma garantizado, que haya verificado que los donantes no presenten enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, cuando se utilizan muestras de esperma congelado es menos probable que se consiga el embarazo.

El tratamiento de los varicoceles es una intervención quirúrgica menor. Varios estudios sugieren que se consigue el embarazo en un 30 a un 50 por ciento de los casos después de que el hombre se somete a esta intervención, pero son necesarios estudios ulteriores para confirmarlo.


Trastornos de la ovulación

La ovulación es la liberación de un óvulo por el ovario.

La mujer que tiene ciclos menstruales regulares cada 26 a 35 días, precedidos por dolor mamario, hinchazón de la parte inferior del abdomen y cambios de humor, generalmente libera un óvulo a partir de un folículo (una cavidad llena de líquido que contiene un óvulo) cada mes. Sin embargo, si tiene ciclos menstruales regulares aunque no tenga estos síntomas, también puede ser que ovule. Cuando hay ausencia de menstruación (amenorrea) o ésta es irregular, debe determinarse la causa antes de empezar el tratamiento para estimular la ovulación.

Control de la ovulación

Determinar si realmente se produce la ovulación es una parte importante de la evaluación de la esterilidad. Para determinar si hay ovulación y en qué momento se produce, se utilizan mediciones diarias de la temperatura basal del cuerpo (temperatura en reposo), tomadas al despertarse. Una baja temperatura basal sugiere que la ovulación no se ha producido, mientras que un incremento ligero, persistente, de alrededor de 0,5 a 1 ºC en la temperatura suele indicar que ya se ha producido. De todos modos, la temperatura basal del cuerpo no es un indicador fiable ni preciso de la ovulación. En el mejor de los casos, predice la ovulación sólo con una antelación de 2 días.

Existen técnicas más precisas, como la ecografía y los equipos predictores de la ovulación; estos últimos detectan un incremento en la hormona luteinizante (una hormona que induce la ovulación), que alcanza sus valores más altos en la orina entre 24 y 36 horas antes de que se ovule. Además, se pueden medir los valores de progesterona en la sangre o uno de sus productos derivados en la orina, ya que un notable incremento de los mismos indica que el óvulo ha sido liberado.

Por último, la biopsia también es un procedimiento válido para saber si se ha producido la ovulación. Para ello, se toma una pequeña muestra del revestimiento del útero entre 10 y 12 días después de la fecha en que se supone que se ha producido y la muestra se examina al microscopio. El diagnóstico se establece si se observan los cambios que normalmente ocurren en el revestimiento uterino después de la ovulación.

Continuación…

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